miércoles 23 de junio de 2010

Correspondencia 12

Ignacio Tirado, misanteco "autoexiliado" escribe para Anibal Fíly desde Jalisco.

Oblatos, Guadalajara, Mexico; 4 de junio de 2010.

Amigo Aníbal Fíly:

Agradezco tu carta y hoy me doy tiempo para contestar. Tuve la oportunidad de conocerte en Semana Santa, en tu negocio y fue porque hubo vacaciones.

Yo visito a Misantla sólo por una de estas cuatro circunstancias: en las vacaciones, en la feria, en las fiestas familiares o cuando alguien se muere.

La mayor parte del tiempo vivo lejos, tanto en distancia como en pensamiento, y no es que no ame a mi adorado pueblo, sino más bien que todo el tiempo vivo preocupado por la nueva vida que ahora tengo.

Cuando tuve que salir de Misantla – y lo digo de esa manera “tuve”- me vi obligado por las circunstancias, un día un amigo me dijo en el parque:

Para quedarte en Misantla ocupas cualquiera de estas tres cosas: ser maestro, ser rico o tener papá con un negocio próspero.

-Le pregunté entonces: ¿Qué hay con los demás profesionistas?

Aquí esos se mueren de hambre –respondió-

Me fui de mi pueblo de alguna manera resentido con él, ya que no me brindó todas las oportunidades que alguna vez soñé, hoy vivo muy lejos, tanto que sólo regreso muy de vez en cuando.

Sin embargo, cuando voy a Misantla encuentro siempre personas igual que yo, que no están donde ellos quisieran pero no lo demuestran, siempre que les pregunto ¿Cómo te va? , ellos de manera mecánica cuentan de lo bien que le ha ido, de la linda casa que tienen en el Distrito Federal, o en Puebla o Guadalajara; aunque al igual que yo ; estemos pagando renta.

Muchos de los que nos vimos obligados a este auto exilio, siempre mentimos respecto de nuestras vidas, contamos maravillas del trabajo que tenemos, ahorramos bastante para ir a gastar en agosto, aunque el regreso sigamos siendo tan pobres como cuando dejamos Misantla.

¿Conocen a alguien que haya salido de este pueblecito y regrese a contar que le fue mal?.

Creo que no, todos contamos nuestras aventuras de las que en el pueblo jamás se viven.

Llevamos nuestros autos nuevos –aunque tengamos la mensualidad vencida- y no es que quiera hablar mal de los que nos fuimos y regresamos para “presumir” de lo bien que nos va lejos de casa, sino por el contrario los que vivimos lejos de Misantla, lo hacemos porque no tuvimos más opción que salirnos a buscar una mejor vida.

Los que se salen de ahí no vuelven jamás.

Cuando voy en familia de vacaciones a este pueblecito en la sierra mis hijos siempre me dicen: -“papá ¿Por qué no vivimos aquí, para comer exquites todas las tardes, o para comernos una nieve de “Chunfo” en los días de calor, para deleitarnos con una “gloria” del parque, para comer tamales al menor de los pretextos?. Y siempre me quedo sin contestar.

Si no vivo en Misantla es porque en ese pueblo no hay lugar para mi, es un lugar con pocas oportunidades, un lugar donde sólo unos cuantos logran hacer dinero, un lugar que poco a poco ha quedado en el olvido de las autoridades, y donde muchos de los que nos hemos ido, jamás regresamos para hacer algo por él, como si estuviéramos resentidos, dolidos por no habernos permitido quedarnos.

Siempre escucho quejas, “que si el presidente de tal o cual partido, que si el diputado, que si nos roban, que sólo quieren el voto”, sin embargo los que ahí nacimos y ahora estamos “muy bien” como siempre presumimos, nada o poco hacemos por cambiar las cosas. Al no poder votar ahí sentimos que no es nuestra culpa de lo que pasa y nos limitamos a pasarla bien los pocos días que visitamos a la familia.

Es momento de hacer algo, es tiempo de que si nos indignamos por la ley “Arizona”, también nos involucremos por lo que pasa en nuestro pueblo, a nuestra gente. Si todos los que estamos fuera buscáramos una manera de incentivar la economía, de hacer que el café que se produce en Misantla se vendiera en las ciudades donde ahora vivimos, (como extraño un sorbo de café, acá donde estoy solo venden marca Nestlé) si pudiéramos hacer que los muebles de madera se importaran a los Estados Unidos donde son muy cotizados, en donde vivo venden tamales oaxaqueños, pero nadie vende tamales de Misantla , porque es imposible conseguir las hojas, nadie las exporta. Puedo comprar un queso de suiza pero no un queso de Misantla.

Si lográramos exportar productos a la ciudad, ir mas lejos que Xalapa, mas lejos que Martínez de la Torrre, estaríamos incentivando la economía. Si lográramos hacer que los estudiantes que salen a prepararse a otros lugares tuviesen una oportunidad de trabajo y regresar a quedarse en su pueblo las cosas cambiarían en unos cuantos años.

Ojalá los candidatos de todos los partidos piensen en dejar de prometer parques, cajas de galletas, mayor seguridad… ect., y nos ofertaran mejores oportunidades para quedarnos en nuestra casa, con nuestra gente, dando incentivos para exportar, para producir, entonces las cosas empezarían a cambiar poco a poco.

Yo tengo ganas de regresar a mi casa, estar con mi familia, y sueño con el día en que tenga la oportunidad de una vida mejor en la tierra que me vio nacer y a la que extraño mucho y sólo puedo ver en las vacaciones, en la feria, en las fiestas familiares o cuando alguien se muere.

Gracias por tu espacio, hacía falta algo así.

Ignacio Tirado